Desde la tranquilidad de la noche fría, sentado junto al fuego, hago balance del día, poniendo orden a lo vivido durante los últimos 86.400 segundos. Y es que parece mentira, como la vida te puede cambiar en un segundo, pasando de ser el hombre mas triste al mas feliz, del mas hambriento al mas saciado, del mas pobre al mas rico, y todo ello en un segundo, mágico, sin control, un segundo al que tú ni siquiera le habías prestado atención, un segundo por el cual darías el resto de tu vida para cambiarlo, o para congelarlo en el tiempo y disfrutarlo eternamente.
Desde hace unos años decidí vivir cada segundo como si no hubiese otro después, y es que durante mucho tiempo, fui dejando pasar muchos segundos, y a muchos amigos, y a muchas personas, incluso me olvide de mi, de que estaba ahí, de que me necesitaba a mi mismo, de que si seguía así, los segundos seguirían su camino, y no me esperarían. Estaba cargándome de responsabilidades bañadas de sentimiento de culpa, que me estaban lastrando y me impedían realizar mis verdaderos objetivos.
Desde pequeño creí en la bondad de las personas, y que estas actuarían de buena fe, colaborando para el bienestar global, trabajando juntos, cada uno aportando sus virtudes, para obtener un objetivo común. Pero me equivocaba, y aún así confiaba en que las personas eran buenas y desinteresadas, pero me seguía equivocando. Siempre esperaba movimiento, y me canse de esperar movimiento en la gente, y es por eso que desde entonces decidí esperarlos andando.
No puedo esperar que nadie me cure si yo no me curo. No puedo esperar que nadie me crea si yo no me creo. No puedo esperar que nadie me quiera si yo no me quiero. No puedo esperar que alguien me saque de la crisis, si yo no hago nada por salir de ella.
Poco a poco se me iban viniendo a la cabeza las palabras de mi profesor de física, Don Carlos Machín, acerca de la no existencia de la Maquina del Movimiento Perpetuo, y la Ley de Conservación de la Energía que afirma que la energía no puede crearse ni destruirse, solo transformarse. De lo que deduje que nada se movería si yo no iniciaba el movimiento, y por ende ese movimiento volvería a mi. Si yo iniciaba mal el movimiento, este volvería a mi en forma negativa, si por el contrario iniciaba bien el movimiento, al final este volvería a mi en forma positiva.
Partiendo de esa base, comprendí que la vida no es mas que un cúmulo de energía, que alguien puso ahí por motivos que aun desconocemos, y que todos influimos sobre ella de una manera muy activa.... mucho mas de lo que nos podemos imaginar.
Os invito a que penseis en esto un poco, que dediquéis cinco minutos, esos cinco minutos antes de conciliar el sueño, cuando tu pareja ya se ha quedado dormida, y tu te encuentras con tus pensamientos, esos cinco minutos de tranquilidad, y penséis en la cantidad de cosas que os han pasado durante el día, y el por que os ha pasado, nada es casualidad en esta vida, sino causalidad. Tratar de ser positivos un poco cada día, y dejar que el día os sorprenda con algo positivo.
Buenas Noches.
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